Digitales e integrados: cuando la edad no es un límite

Son adultos que se acercaron al mundo de las nuevas tecnologías desde un Laboratorio de la Facultad. No solo aprendieron a manejar herramientas informáticas básicas, sino que además se desenvuelven con autonomía en el entorno virtual y desarrollan de manera colaborativa sus propios cortometrajes animados en soporte digital.

“Primero estábamos temerosos y ahora estamos ansiosos por saber más, ya dejamos de ser analfabetos tecnológicos y eso es muy importante para nosotros”, así resume Laura Altamirano su experiencia como alumna del Centro Tecnológico Comunitario (CTC), que diariamente abre sus puertas a la comunidad desde el Campus Villa Domínico.

Por su parte, Alicia –también alumna-; destaca “el hecho de haberle perdido el miedo a la máquina nos ha hecho sacar algo de adentro que creíamos imposible: aprender algo nuevo a nuestra edad”.

Tanto Laura como Alicia participan de una de las propuestas formativas que el Instituto de Educación No Formal viene implementando para “achicar la brecha digital”. En este caso, el grupo tiene tres características que lo distinguen del resto: son adultos, nunca antes habían accedido a una herramienta informática y ahora hacen animación digital.

“Yo empecé buscando una terapia y al poco tiempo me di cuenta que me servía para mucho más, con el tema de animación yo veía que los chiquitos de otros grupos lo hacían y me preguntaba si podíamos llegar a hacer eso, y hoy lo estamos haciendo”, cuenta Rosi; que desde el mundo adulto observaba con sorpresa las “competencias digitales” de los más chicos, acostumbrados naturalmente al uso de los videojuegos, la navegación en Internet y el contacto familiar con la tecnología.

 

De grandes y chicos

De hecho, hasta la propia Rosi resume con humor como se ponen en juego el saber y las diferencias generacionales: antes de empezar acá, le he preguntado muchas veces a mi hijo cómo se hacía tal cosa y él venía, me decía “así y así” y yo me quedaba en el aire. Ahora tuve la revancha, en una oportunidad él tenía que hacer algo y me preguntó como se hacía y yo le dije “así y así” y me fui ¡como hacía él!. Después cómo toda mamá, volví y se lo expliqué bien.

Por su parte, Nelly también suma una anécdota: mi nieta más grande estaba en línea, yo le mandé un chat y ella me contestó con caritas de alegría “¡Abuela, bienvenida a la tecnología!”, ¿te imaginás? yo no cabía en la silla. Que ellas (las nietas) estén orgullosas porque yo puedo comunicarme con ellas, me llena de felicidad.

 

Universidad abierta

Esta propuesta de formación, impulsada desde una Universidad Pública; le brinda un valor agregado a la experiencia “estamos muy agradecidos con la Facultad por el espacio que ha  creado, pensando en toda la sociedad; no solo en los chicos”, cuenta Alicia.

Y Rosi agrega “esta es la primera facultad que piso y me hace sentir un poquito más orgullosa de mi misma”.

Los cortometrajes producidos por los diferentes grupos del CTC, serán estrenados durante el mes de diciembre en el Teatro Roma de Avellaneda y en 2010, participarán de diferentes muestras y festivales de cine y video.

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